
“Suena esta canción para ti Lucía”, empezaba aquella canción de Serrat. Y sabiendo que existe un tema como ése, cómo hacer una canción para otra Lucía, nuestra Lucía, a la que sólo conocemos por foto y que sin embargo ya forma parte de la familia.
Lucía tiene un año y está en el hospital gritándole al mundo que ya es hora de salir de allí y empezar a vivir. Y lo grita tan alto que después de una operación de diez horas sorprende a los médicos recuperándose. Y uno, que conoce muy bien esas horas de espera, esa UCI aséptica, silenciosa y de donde siempre se quisiera salir corriendo, sabe que la calma y la paciencia son una virtud obligada en su laberinto de tubos y cables.
Las agujas de los relojes se detienen entonces, todos y cada uno de los minutos parecen iguales, pero no lo son. Cada segundo que pasa es un segundo ganado a la vida.
De los coreos contagiosos de I. hice la letra nada más levantarme. En esa hora en la que el sol no ha sorprendido aún a los tejados. Escribí, taché y corregí, menos que otras veces, porque quería que fuera lo más visceral, lo más espontáneo posible. A las nueve de la mañana, quizá un poco después, ya estaba lista.
En cuanto llegué a casa, le puse música. En media hora. Cayeron los acordes por su propio peso, sin buscarlos. Después bajé al estudio y empecé a grabarla. Se me pasó la hora de cenar y abracé la cama con ganas de que fuera el día siguiente para seguir con la canción, para que fuera otro día para Lucía.
Y así fue. El sábado por la tarde terminé, robándole minutos a una jornada familiar. Todos comprendieron y toleraron mi ausencia, porque sabían lo que significaba la canción. Por la noche el archivo comprimido en un MP3 voló al encuentro de Lucía.
Nunca sabe uno qué cosas mueven el mundo, pero estoy seguro de que mientras en casa pensábamos en ella, tanto M. como yo, le estábamos enviando nuestra energía, nuestros relojes funcionando con las pilas alcalinas del futuro, ese futuro que queremos para ella.
Si estás leyendo esto ya es una manera de estar con ella, porque de ella hablamos, en ella pensamos, mientras la vida sigue. Simplemente este minuto es un minuto más. Y todos esos minutos son los que forman una vida entera. La vida de Lucía. Gracias.