viernes 30 de julio de 2010

¡Escribe!

La gente escribe cuando está en crisis. Es normal. Uno también lo ha hecho, incluso aquí. Después se ha arrepentido y, releyendo textos antiguos, sentía cierta vergüenza.
Eran otros tiempos, mucha soledad, la búsqueda infructuosa de lectores, la falta de proyectos, incluso un proyecto de vida.

Por eso las librerías están llenas de libros de autoayuda. Las personas necesitamos que nos cuenten que eso que sentimos en los malos momentos no sólo nos pasa a nosotros y que alguien nos entiende.

Yo prefiero las novelas. Un buen argumento es como la vida misma. Y cualquier parecido con la realidad suele ser mucho más que una pura coincidencia.

jueves 29 de julio de 2010

Peace

Ha hecho mucho calor los primeros días del mes. Pero, desde hace una semana más o menos, la cosa en más llevadera. He intentado seguir los consejos de la madre de M., mantener la casa en cierta penumbra cuando más pega el sol, las ventanas cerradas y abrir por la noche.
De todas maneras, sopla un viento agradable en la habitación desde donde escribo. La ventana abierta deja pasar una brisa que sube del mar a la montaña e inunda este cuarto que se llena de palabras, de discos, de guitarras.

Sólo perturba la paz algún mosquito, que perece de inmediato, porque he puesto uno de esos cacharritos en el enchufe que los emborracha de química y los hacen desaparecer, y la obra de al lado que, aún bajo mínimos de personal, cortan un azulejo de vez en cuando. Ecos lejanos en todo caso.

miércoles 28 de julio de 2010

Esclavo alternativo

El primer día de vacaciones siempre es un poco contradictorio. Ha sido este un año de mucho trabajo, de algunas tensiones, y uno esperaba los días de asueto con impaciencia.
Pero ocurre que, esa primera jornada, en la que el mundo sigue avanzando pero el despertador no suena a la hora de siempre, no tienes prisa por salir corriendo de casa, ni por desayunar y, simplemente abres el libro que estás intentando terminar desde hace días y ves que no hay prisa para nada, es extraña.

Reconozco que me resulta chocante. Así que, claro que no madrugué, que desayuné con calma y terminé ese libro, pero después ya me puse a trabajar en los artículos que estoy haciendo en This Is Rock, en los contenidos de la próxima temporada del programa de radio y en el estudio. Vacaciones sí, pero de unas cosas, otras tengo que mantenerlas en activo.

martes 27 de julio de 2010

Lucía

“Suena esta canción para ti Lucía”, empezaba aquella canción de Serrat. Y sabiendo que existe un tema como ése, cómo hacer una canción para otra Lucía, nuestra Lucía, a la que sólo conocemos por foto y que sin embargo ya forma parte de la familia.
Lucía tiene un año y está en el hospital gritándole al mundo que ya es hora de salir de allí y empezar a vivir. Y lo grita tan alto que después de una operación de diez horas sorprende a los médicos recuperándose. Y uno, que conoce muy bien esas horas de espera, esa UCI aséptica, silenciosa y de donde siempre se quisiera salir corriendo, sabe que la calma y la paciencia son una virtud obligada en su laberinto de tubos y cables.
Las agujas de los relojes se detienen entonces, todos y cada uno de los minutos parecen iguales, pero no lo son. Cada segundo que pasa es un segundo ganado a la vida.

De los coreos contagiosos de I. hice la letra nada más levantarme. En esa hora en la que el sol no ha sorprendido aún a los tejados. Escribí, taché y corregí, menos que otras veces, porque quería que fuera lo más visceral, lo más espontáneo posible. A las nueve de la mañana, quizá un poco después, ya estaba lista.
En cuanto llegué a casa, le puse música. En media hora. Cayeron los acordes por su propio peso, sin buscarlos. Después bajé al estudio y empecé a grabarla. Se me pasó la hora de cenar y abracé la cama con ganas de que fuera el día siguiente para seguir con la canción, para que fuera otro día para Lucía.

Y así fue. El sábado por la tarde terminé, robándole minutos a una jornada familiar. Todos comprendieron y toleraron mi ausencia, porque sabían lo que significaba la canción. Por la noche el archivo comprimido en un MP3 voló al encuentro de Lucía.

Nunca sabe uno qué cosas mueven el mundo, pero estoy seguro de que mientras en casa pensábamos en ella, tanto M. como yo, le estábamos enviando nuestra energía, nuestros relojes funcionando con las pilas alcalinas del futuro, ese futuro que queremos para ella.

Si estás leyendo esto ya es una manera de estar con ella, porque de ella hablamos, en ella pensamos, mientras la vida sigue. Simplemente este minuto es un minuto más. Y todos esos minutos son los que forman una vida entera. La vida de Lucía. Gracias.

lunes 26 de julio de 2010

Vacaciones

Parece que se acaba el mes. Algunos estarán impacientes, sobre todo los que tengan sus vacaciones en agosto. Otros estarán desesperados, los que hayan tenido vacaciones en julio y viven ya esa irremisible cuenta atrás.
Yo esta semana he cogido unos días pero, después de hacer un plan de acción, para escribir y adelantar artículos, bajar al estudio, etcétera, etcétera… me ha quedado la sensación de que no hay días libres, ni vacaciones ni nada de nada.

Eso es lo malo que tenemos los que no podemos parar, no porque lo que hagamos sea importantísimo y no pueda dejarse para mañana, sino por esa sensación de pérdida de tiempo. Así que tendré que trazar otro plan: estar un día sin hacer absolutamente nada. A ver si lo consigo.

domingo 25 de julio de 2010

Música para el domingo

sábado 24 de julio de 2010

Música para el sábado

viernes 23 de julio de 2010

Es un misterio para mi

Ayer, al llegar a casa, me puse uno de esos discos imprescindibles. Roy Orbison y su “Mystery Girl” (1989). Me preguntaba yo cómo puede caber tanta belleza en los surcos de un vinilo. ¿No es “Mystery Girl”, una de las mejores canciones que se hayan escrito nunca? Firmada por Bono y The Edge, vale, pero la voz temblorosa de Roy provoca escalofríos. ¿Y “A love so beautiful”? ¿Y “California Blue”? Momentos maravillosos en medio de la vida desgraciada de Orbison.

Hace años, Roy era un chaval conmocionado por el rock and roll que había conseguido un contrato discográfico con Sun Records que lo tenía atado de manos y pies. Su sueño de convertirse en un émulo de los grandes rockeros de la época, chocaba con un físico poco agraciado y una miopía salvaje que le obligaba a llevar unas espantosas gafas de culo de botella. Prescindiendo de éstas, cuenta la leyenda que, en una de sus actuaciones, Roy, situado en la parte de atrás del escenario, se fue hacia el micro calculando mal y, no sólo pasó de largo, sino que se precipitó al vacío en plena performance Spinal Tap. Desde entonces unas Rayban negras y graduadas cubrieron sus ojos evitando peligrosos percances.

La voz épica, las guitarras cristalinas, las baladas crepusculares... todo en su universo es un llanto que escapa de lo sensiblero pese a que tenía muchos motivos. La muerte de dos hijos, el fallecimiento de su esposa en accidente de moto, los problemas con las discográficas, el éxito que nunca acababa de llegar y, la más trágica, su propia desaparición antes de que este disco viera la luz. Hasta Warren Zevon tuvo más fortuna, por lo menos pudo ver su “The Wind” publicado.

Roy se perdió su propio revival. Dejó no obstante otra maravilla de la mano de Travelling Wilburys, el super grupo que formaron Dylan, Petty, Lynne, Harrison y el propio Roy bajo seudónimo. Obsérvese la foto de la portada en la que todos salen ocultos bajo unas gafas de sol. Nadie las necesitaba salvo Orbison. Un claro homenaje. Hasta Springsteen quiso dar su particular tributo al hombre solitario por excelencia, con permiso de Johnny Cash, claro, en su más gloriosa composición, “Thunder Road”:
La puerta de tela metálica se cierra de golpe / El vestido de Mary ondula / Como una visión, ella baila de una parte a otra del porche. / Mientras la radio del coche suena Roy Orbison cantando para él, solitario. / Hey, ese soy yo, y te quiero sólo a tí. / No me hagas volver de nuevo a casa. / No puedo encararme otra vez con la soledad.

jueves 22 de julio de 2010

Posibilidades

Hablé con R. en vez de contestarle vía mail. Siempre está bien tener contacto directo de vez en cuando. Me felicitó por el trabajo hecho y me dijo que el disco nuevo no hacía más que conquistar todos los corazones de quienes lo escuchaban. Ya estoy impaciente por escucharlo, caramba, le dije.

En un principio, uno sólo tenía que grabar guitarras acústicas en tres o cuatro temas, pero cuando me llegaron y les vi posibilidades, me emocioné y grabé también algunas eléctricas y un par de solos. La sorpresa es que gustaron y R. los ha dejado en la mezcla final.

En medio de todo eso, sigo produciendo lo que pudiera ser un proyecto arriesgado para él y al que se ha prestado sin pensárselo dos veces, con lo que ando buscando canciones, transformándolas y grabándolas una y otra vez. Es muy emocionante meterle mano a unos clásicos del rock y, sobre todo, hacerlos para su propio autor. Así que en eso se irán estos días de vacaciones.

miércoles 21 de julio de 2010

Papel

Durante la semana pasada fui a correos cada día. Cargado hasta arriba, arrastrando un carro lleno de revistas que había que enviar.
Y cada mañana, cuando sonaba el despertador, ya me levantaba cansado. Será porque se deja ver esa nebulosa de las vacaciones en un futuro cercano y uno se auto convencerse con ese “ya queda menos” o “venga, un último esfuerzo”. Pero aún así me costó mucho. Nos sólo llevar los paquetes, sino hacerlos, prepararlos, rellenar los impresos pertinentes…

A correos, a la misma oficina, voy desde hace 20 años. Conozco a todos los que trabajan allí y eso, en parte, palia un poco la pereza que da el viaje. Es como ir a ver a los colegas. No me molesta cuando se trata de tres o cuatro paquetes, pero estos días ha sido tremendo en volumen de papel que ha llegado a mover uno.

Papel que no se sabe dónde irá. Uno lo suelta como si fueran palomas mensajeras que nunca volverán a casa. Sin embargo, eso es cierto, hay cierto toque romántico es seguir editando en papel y dejarlo volar después. Hacia su destino que siempre es un misterio.